domingo, 2 de marzo de 2014

Crítica de Gravity | Ganadora 7 Oscar 2014


Puntuación: 7.5

He esperado unas cuantas semanas para poder hablar de un film que me ha dejado más frío que un témpano de hielo, a pesar de que la mayoría de críticos y no tanto el público les parece una obra llena de humanidad. Alfonso Cuarón es un director como la copa de un pino, pero en mi fuero interno ya lo contó todo con Hijos de los hombres (2006), film infravalorado se mire por donde se mire, que se ha hecho un hueco hoy gracias al boca-oreja.





Pero el efecto de Gravity es comparable al de Lo imposible, de hecho, su argumento es prácticamente parecido salvo puntualidades obvias como es la localización de la trama, es decir, tan pronto nos sorprende por su despliegue técnico como nos deja fríos por un fondo argumental más vacuo de lo normal. Y eso que alabo la sencillez, pero no la sencillez de un guión escrito en servilleta de papel.

Crítica de GRAVITY. Alfonso Cuarón. 2013


Alfonso y su hermano intentan trasladar la sensación de ser astronauta en el espacio. Bien, perfecto. De hecho, nada más empezar la cinta nos pone en situación con una explicación nada sesuda, más propia de infantes que no han tocado un libro de Conocimiento del Medio y que creen que estar ''ahí fuera'' sólo requiere ser un borrachuzo perforador como Steve Buscemi en Armageddon (y alabo este film como lo que es, una meada fuera de tiesto). Todo parece convincente en sus primeros minutos, y creemos que estamos ante una obra pausada, sci-fi pura y dura, que intenta explorar otros campos. Pero todo se trastoca en cuestión de segundos. A día de hoy tengo claro que cualquier blockbuster que se precie va a tirar de destrucciones masivas, explosiones, olas gigantes, y demás. Roland Emmerich ha creado una escuela y nadie le reconoce como autor, eso llevo meditándolo desde hace relativamente poco tiempo. Aquí, ''la ola'' (en alusión clara a Lo imposible) es una vorágine de escombros que arrasa estaciones y satélites a su paso. De la sci-fi cambiamos al drama en cuestión de minutos, y el film se salta la lógica interna propuesta en sus primeros compases hasta conseguir pasarse por el forro todas las leyes de la física posibles en el resto del metraje.

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Si observamos con cautela el film, alejados del hype, de los efectismos, del adelanto técnico, del inmenso 3D, es una película de segunda o tercera categoría, pues la fuerza del drama no da para más allá de quince minutos. Esto lo resuelven sus directores/guionistas alargando el chicle hasta la extenuación, y como he dicho, saltándose toda lógica interna posible, situando deus ex machina en determinados puntos (bastante sonrojantes) cuando el personaje interpretado por la muñeca de botox que es Sandra Bullock (que lleva la batuta en solitario con un anecdótico George Clooney) alcanza diversos climaxs. ¿Cómo es posible que el Hubble, la estación espacial internacional y la Tiangong 1 estén prácticamente casi una al lado de la otra como los bares de Sevilla? Ni una elipsis salva esto. Gravity te hace flotar, entretiene, su poderío técnico y sonoro es envidiable (esos planos secuencias que van hasta subjetivos son la caña), tiene una duración ajustada, pero cuando acabas por verla, tocas el suelo, y entonces te das cuenta que tal entraste en la sala, has salido de ella como si de una atracción de feria se tratase, corre el riesgo de olvidarse en los posteriores minutos. Y esa es una idea que a todo cineasta le recorre la médula espinal y le hace entrar en pánico. ¿Se hablará de Gravity dentro de unos años? ¿O pasará como ahora, que tras dos semanas ya nadie la recuerda?
Si quieren algo de humanismo, les aconsejo Sunshine (2007) de Danny Boyle. Quizás les sorprenda.

Análisis escrito por Gwynplaine Thor


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