lunes, 21 de enero de 2013

Crítica de Django desencadenado | Quentin Tarantino | 2012



Cada película de Tarantino es como un mini festival de cine en si mismo, y esta nueva no iba a ser menos, en cada una de ellas podemos ver homenajes a tal y a cual película o, al mismo tiempo sorprendernos con  nuevas propuestas. Y esto más o menos es Django, una continuación no directa de una propuesta que se inició con Kill Bill y se continuó con Malditos Bastardos, y que de momemento se cierra con Django la cual pasamos a analizar mediante la crítica de nuestro blog compañero Mundo Return....

Crítica de Django desencadenado | Quentin Tarantino | 2012


Algo que no podemos obviar es que el cine de tarantino guarda su mayor fuerza y propuesta en sus atípicos diálogos. Todas sus películas están llenas de digresiones tan atípicas como intrascendentes, sus personajes empiezan con un rol y en un chasquido de dedos se ponen a hablar sobre un tema completamente diferente para, en un suspiro, volver a sus papeles. Vincent Vega y su socio Jules eran unos matones que hablaban de hamburguesas y pies, en esa orgía pulp llamada como no, Pulp fiction. Con Bill, en el acto final de Kill Bill Vol.2 (2004), se ponía a hablar de la relación entre una fachada y Superman. Con Django Desencadenado vuelve a utilizar ese recurso muy convenientemente cuando le apetece.

Tal y como incide el Dr. King Schultz (magistral Christoph Waltz) a su pupilo y ex-esclavo Django (Jamie Foxx), para conseguir algo hay que interpretar un papel y no salirse de él hasta que se obtenga lo que se quiere. Pero no sólo de esto mana su forma de hacer cine. Tarantino, como todo el mundo sabe, es un freak de órdago, un cinéfago empedernido que más allá del cine sólo ve alcohol y más cine. Su cine es sobre el cine, de ahí que sus películas parezcan que carecen de humanidad, parezcan, he dicho, siendo quizás la venganza de Beatrix Kiddo la más humana de las historias que ha relatado. Pero, ¿no es el ser humano un ser vengativo? ¿No es violento? Tarantino quizás sea más humanista que un Terrence Malick chutado de tripis relatando la existencia del ser desde el principio del dichoso universo, o multiverso si nos ponemos en modo J.J. Abrams.



Lo sé, llegados a este punto no sabéis si estoy hablando del film o de Tarantino, o de la vida misma, ese cajón desastre de colorines varios. Como este autor, me someto a su interpretación de las ideas, de su hablar, y de su pensamiento, recojo todo aquello que me interese y el resto lo deshecho. Se me va la pinza y me importa un ocho y medio, como a Fellini. Hoy me interesa hablar de Corbucci, cineasta a la sombra de Sergio Leone, y que tiene en su haber no pocos spaguetti western notables y de una violencia brutal. Me interesa su Django (1966) y su original actor, Franco Nero, icono italiano. El tema principal interpretado por Bacalov. La música de Ennio Morricone. Las reminiscencias del western cómico de Terence Hill y Bud Spencer. En la música de Morricone, de nuevo, para Le llamaban Trinidad (1970). Su oda al movimiento setentero del baxploitation, en sus huevos de hacer un western con un negro como protagonista, hablar sobre la esclavitud y decirte que el enemigo está en tu propia casa. Con dos cojones. En su variabilidad de la estructura, empapado de la Nouvelle Vague. La labor como creador de personajes. Su homenaje sutil a Il mercenario (Salario para matar, 1968), vaya, otra vez Corbucci. Su meada fuera de tiesto, y con gracia, hacia el Ku Kux Klan con el Dies Irae del Requiem de Verdi. En su ”quiero y no debo de parecerme” a lo perpetrado por Gualtiero Jacopetti y su saga Mondo Cane (1962 en adelante). Con música de Riz Ortolani incluída. Cuánto italiano, ¿eh?. En el estudio que realiza sobre la textura de la sangre para cada una de sus películas. En la frivolización de la violencia. En esos planos generales que recuerdan a las composiciones de John Ford. En la mala baba de Peckinpah. En la idea de mezclar un western con un cuento, el del mito alemán de Sigfrido, y contarlo como tal. Y, sobre todo, en LA VENGANZA, idea primigenia que se repite desde la primera hasta esta última película suya. Oh si. Oh. Decía que iba a hablar. Y ya he hablado. Porque todo esto es Django Desencadenado.

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